Posted by: antropikos | March 16, 2018

Ese curso maldito de Cambio Social y Cultural…

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Todos los martes y jueves a las 12:30pm realizaba una peregrinación desde el complejo de edificios de Estudios Generales hasta el edificio Ramón Emeterio Betances (REB), hogar de la Facultad de Ciencias Sociales. En Estudios Generales tomaba una clase maravillosa de Humanidades con la Profesora Ivonne Laborde. La inmersión en el mundo de las ideas y en la filosofía europea del siglo XIX me fascinaba. Entonces leía con pasión Así habló Zaratustra, de Federico Nietzche. La voz meliflua, la pedagogía de la pasión y la sabiduría de la señora Laborde me transportaba a un mundo intelectual que me atraía. Cuando terminaba su clase nos quedábamos varios estudiantes a seguir explorando su mirada penetrante a las ideas y al pensamiento. Era poco el tiempo que podía quedarme después de clase pues debía pasar con prisa la acera colindante con Peyton Place, donde siempre pasaba algo importante, dejar a mi izquierda el Centro de Estudiantes, pasar la Enfermería, cruzar la calle y atravesar los pasillos de Pedagogía y Empresas con sus respectivas tribus hasta llegar a REB. En ocasiones (muchas) seguía por la acera paralela para detenerme rápidamente en el puesto de hotdogs para atragantarme uno antes de ir a clase.

De ahí subía rápidamente hasta llegar al salón del curso de Cambio Social y Cultural dictado (sí, dictado) por la Dra. Beate Salz, en un castellano matizado por un fuerte acento alemán. La profesora siempre me llamaba la atención por llegar tarde y por entretenerme con unas interesantes conversaciones que ocurrían en la parte trasera del aula. La Dra. Salz procedía a llamarme por mi nombre y hacer las preguntas más inverosímiles (para mi) sobre el material discutido. Recuerdo que una vez me hizo una pregunta sobre la ubicación e importancia de los cenotes en Yucatán. En ese momento elucubré una contestación enrevesada sobre la distancia entre los cenotes, su relación con los poblados y el acceso al agua en esa península. Fue una epifanía ecológica que logró sacar una sonrisa del rostro augusto de la doctora Salz y una felicitación por mi ingeniosa respuesta. Esa gesta me liberó del látigo Salziano por dos semanas, al cabo de las cuáles volvió a tomarme como punto.

La desprecié intensamente y sé que ella a mi también, desde que le dije que tenía que comer algo antes de entrar a su clase y desmayarme del hambre. Creo que dije algo tenebroso sobre los temas de la clase… Honestamente, no soportaba su clase ni le soportaba como persona, sobre todo porque tenía la certeza de que era injusta conmigo en la corrección de los ensayos que teníamos que escribir en los exámenes. Nunca me calificó como excelente… todo fue bueno o regular, por lo que mi nota fue una B. Sí, ya lo saben mis estudiantes de sociología: no saqué A en la clase de Cambio Social y Cultural.

Nunca más vi a la Dra. Salz porque entre otras cosas se retiró en 1976 del Recinto de Río Piedras, un año después de darme clase. Ese año me fui a Stony Brook (SUNY) a seguir estudios de maestría y doctorado en Antropología. Mientras estuve en Stony Brook me acordé todos los días de Beate Salz y le eché bendiciones y mis mejores deseos. Yo me leí todo lo que nos asignó en Cambio Social y Cultural y esas fueron lecturas esenciales en los primeros semestres en la escuela graduada. A pesar de lo que he escrito aquí, yo le ponía atención a la Dra. Salz pues todo lo que discutía era central a la disciplina.

En ese curso me encontré de lleno con la obra de Alfred Lewis Kroeber (me leí su texto Anthropology dos veces), exploré la visión de la Escuela de Chicago en los trabajos de Robert Redfield, con especial atención a A village that Chose Progress, y la brillante (debo admitirlo) exposición de la doctora Salz sobre Chan Kom: A Maya Village y Tepoztlan, A Mexican Village. En ese curso trabajamos el texto clásico sobre la industrialización Machine Age Maya, de Manning Nash que había sido publicado unos años antes. Curiosamente, la disertación doctoral en Sociología de la doctora Salz giró en torno al proceso de industrialización en comunidades indígenas en Ecuador. Entonces (y todavía) el tema de la aculturación era importante y los antropólogos habían desarrollado guías detalladas para su estudio, sin decir claramente que se trataba de sociedades intervenidas por poderes imperiales e inmersas en relaciones coloniales. Fue un tema central del curso y cubrimos los detalles más importantes de ese proceso, según el conocimiento y el estándar de la época.

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Robert Redfield y su familia (Universidad de Chicago)

No estoy seguro, pero creo que fue en ese curso que escuché por primera vez el nombre de José María Arguedas asociado a la Antropología y el estudio del cambio social. Me pareció curioso porque en mi primer año en la UPI había leído Los ríos profundos, novela que me impresionó y que me empujó a leer otras cosas de Arguedas.

Eso sí, estoy absolutamente seguro que fue en ese curso que escuché por primera vez de Frances y Melville Herskovits y su obra de los cimarrones de Surinam y sobre los estudios de aculturación y resistencia de esas sociedades, en su obra Rebel Destination, que en estos días veo en una referencia del nuevo libro de Richard y Sally Price, Saamaka Dreaming. Recuerdo—como en un sueño—como quedé sorprendido con la existencia de sociedades tribales de origen africano reconstituidas en los bosques tropicales de América del Sur. De ahí surge tal vez mi interés por la obra del matrimonio Price, que en retrospectiva parecen ser una reencarnación de los Herskovits.

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Melville y Frances Herskovits (Northwestern University Library)

 

A Beate Salz no se le ha dado el crédito que merece y no estoy seguro que este escrito le ayuda. Lo cierto es que al retirarse de UPR-Río Piedras en 1976 se mudó cerca de la familia de su hermana en la provincia de Saskatchehuan, en Canadá. Allí tuvo su biblioteca personal, la que donó a la universidad de la provincia que ahora alberga The Salz Latin American Collection. La pagina de la biblioteca nos provee varios datos sobre Beate Rosa Salz: nació en Alemania, en una familia de académicos judíos que se mudaron a Inglaterra, donde Beate hizo parte de sus estudios de bachillerato (licenciatura), los que terminó en Ohio, donde su padre, Arthur Salz, fue a enseñar Economía Política. Salz hizo estudios graduados en The New School for Social Research donde obtuvo su doctorado en Sociología en 1950.

En 1954 –año de mi nacimiento—Salz comenzó a enseñar en Río Piedras, desde donde realizó estudios sociológicos y etnográficos en Sur América y el Caribe. Los intereses intelectuales de la doctora Salz –según se desprende de la colección donada—incluían: la historia del pueblo judío, el arte y la literatura. El Centro de Estudios Judíos de Nueva York tiene varios documentos donados por Beate y su hermana Judith sobre los eventos de la quema de sinagogas en Baden Baden y una conferencia sobre ese tema en 1992, dossier que guarda muchas fotos pero no logro identificar una donde salga la doctora Salz.

Salz llegó a la Facultad de Ciencias Sociales en 1954, cuando Pedro Muñoz Amato era en decano. En ese momento la UPR y su rector, Jaime Benítez, se encontraba en un proceso de reclutamiento intenso de intelectuales de diversa procedencia, que abonaran a una visión universal y modernista al país y a la Universidad (véase a Duany 2005a:186-188). Mucho se ha escrito sobre ese proceso en las humanidades, la filosofía y la literatura, pero hay también una historia importante en las Ciencias Sociales y en el Centro de Investigaciones Sociales. En ese año se cruzaron estudiosos de diversa procedencia y trasfondos personales que imprimieron una visión global a nuestras disciplinas, aún en medio de cierta aprensión a la presencia de estadounidenses que eran en su mayoría los que articulaban prácticas metodológicas y perspectivas teóricas en las ciencias sociales, en esa Facultad. El estadounidense Arthur J. Vidich (de padres eslovacos), antropólogo que cruzó la frontera disciplinar para insertarse en la Sociología, llegó en agosto de 1954 a Río Piedras bajo unas condiciones de vida y de trabajo envidiables, según su propia reflexión (Vidich 2009: 341-345). Mientras dictaba clases terminaba de escribir su libro Small Town (una referencia obligada), junto a Joe Bensman a distancia y por correo regular. 1 Su abordaje era de naturaleza etnográfica y pienso que esa vena metodológica y esas reflexiones formaron parte de los debates intelectuales de la Facultad y del grupo de discusión que formaron en ese año académico: The Country Circle. Deduzco que en ese año, durante su estadía en Puerto Rico, Vidich escribió su artículo “Participant Observation and the Collection and Interpretation of Data” publicado en 1955 en la prestigiosa revista American Journal of Sociology (publicada por la Universidad de Chicago) donde aparece UPR-Río Piedras como la institución académica del autor.

Las citas y referencias de Vidich revelan su adherencia (como suele ser) al canon imperante de la época y a figuras icónicas de la antropología y del uso del método de la observación en “comunidades”: William Whyte (Street Corner Society), Florence Kluckhohn, Alfred Lewis Kroeber (editor del compendio Anthropology Today, publicado por la Universidad de Chicago en 1953), y Oscar Lewis, entre otros. Vidich cita a Florence y no a Clyde, su mentor y figura monumental en la disciplina, ello debido a un proceso doloroso de ruptura mentor-pupilo; pero esa es otra historia que queda fuera de esta reflexión. En 1957 Vidich publicó junto a Bensman un artículo sobre la validez de los datos de campo, en la Revista de Ciencias Sociales, lo que abona a la conjetura de que esos debates metodológicos eran comunes en el CIS y en la Facultad de Ciencias Sociales.

Vidich subrayó en su libro la conexión entre la Universidad de Chicago, centro intelectual y de investigación sobre la modernización y el desarrollo, y la UPR, pero sobre todo con la Facultad de Ciencias Sociales y el Centro de Investigaciones Sociales, que fue dirigido en sus comienzos por Millard Hansen, graduado de esa universidad (Vidich 2009:350). El CIS, diseñado por Lewis A. Dexter en 1944 (como consultor externo) fue dirigido antes de Hansen por Reford G. Tugwell, Clarence Senior y el economista Simon Rottenberg (Duany 2005a: 192-193).

Por esos pasillos transitaron consultores en las ciencias sociales, algunos de la Universidad de Chicago, entre ellos Robert Redfield, quien era una de las figuras prominentes de una antropología que miraba a las sociedades en transición, al campesinado global y sus vínculos con sistemas de producción capitalistas, localizados en un punto del continuo de relaciones sociales, económicas y espaciales entre las sociedades tribales y las tradiciones urbanas (el llamado folk-urban continuum), empotradas en un proceso de modernización (véase a Kearney 1996:50-52). Para ese entonces Redfield había escrito y publicado la mayor parte de sus obras, consideradas entonces (y ahora) en clásicos de la antropología del cambio social y cultural. Arthur J. Vidich (a quien hay que leer con detenimiento, sobre todo sus impresiones sobre sus colegas puertorriqueños y sus estudiantes, entre ellos Manuel Maldonado Denis quien posteriormente se graduó de PhD de la Universidad de Chicago), estaba muy interesado en esas comunidades al margen de lo urbano, pero vinculadas con esa tradición urbana. Localidades que participaban de la sociedad nacional, pero al mismo tiempo formaban pequeñas unidades con las relaciones Gemeinschaft a las que aludía Ferdinand Tönnies. Su inclinación por la observación partícipe, las comunidades pequeñas y la obra de Redfield le llevaron a estudiar el pueblo de Trujillo Alto, trabajo que—al igual que el libro de Morris Siegel sobre Lajas (véase a Duany 2005b)—quedó circunscrito a una copia mimeografiada, archivada en el Centro de Investigaciones Sociales bajo el título: Material on the Class Structure of Trujillo Alto.

Los “extranjeros” que se encontraron en esas coordenadas de la UPR en Río Piedras, formaron un grupo de discusión al que le llamaron The Country Circle; grupo que se reunía fuera de la universidad en la casa de Gordon y Sybil Lewis (2009:358) y que incluyó a profesores puertorriqueños como Carlos Albizu, Charles Rosario, Eugenio Fernández Méndez, Milton Pabón y Delia Ortega. Beate Salz fue integrante de ese grupo y según Vidich eran más amigos que colegas. Vidich mantuvo, según relata, una extensa correspondencia con Beate Salz aún después de su retiro de la UPR, y la memoria que guardaba de ella era una de mucho cariño. Robert Redfield fue invitado a una de esas reuniones, en las que se modificó el formato de ese círculo de intelectuales, y se hizo la actividad en el campus de Río Piedras para que pudiera asistir un público mayor.

No tengo los datos de manera precisa y lo veo todo como en una bruma, pero en esos años estuvo también el antropólogo argentino Rubén E. Reina, quien luego fue parte de la plantilla de profesores de antropología de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia. Reina recordaba con claridad, en una conversación conmigo en 1985, su relación profesional con Beate Salz y con John Victor Murra, pues tenían un interés por las sociedades indígenas y la situación de esas sociedades dentro de las modernas naciones estados de Latinoamérica (comunicación personal). Murra, de origen ucraniano (su verdadero nombre era Isak Lipschitz), de orientación marxista, forjó una obra etnohistórica importantísima sobre las sociedades incaicas y los procesos de articulación del poder en esa civilización, posterior a su paso por la UPR.2

Murra había estudiado en la Universidad de Chicago en los años en los que A. R. Radcliffe-Brown—uno de los fundadores del funcionalismo y estructuralismo en Antropología—dictaba cátedra.3 Así las cosas, el vínculo con la Universidad de Chicago estaba a flor de piel en Río Piedras. Reina estudió en la Universidad de Michigan y en Carolina del Norte, y su trabajo se concentró en las sociedades indígenas de Guatemala. Mientras estuvo en Río Piedras publicó en el segundo número la Revista de Ciencias Sociales (1957) una reseña sobre el libro Peasant Society and Culture: An Anthropological Approach to Civilization, de Robert Redfield (1956). Era una manera de vincularse con la escuela dominante de la época y con la figura más importante en el estudio de las transformaciones sociales de las sociedades indígenas de América Latina. Reina posiblemente había entrado en contacto con Redfield en Río Piedras, a través del Country Circle, pero es una especulación de mi parte. Lo importante es que el trabajo de Robert Redfield se convirtió en lectura obligada en Río Piedras, sobre todo para los estudiantes de antropología y sociología, a través de varios profesores como Eugenio Fernández Méndez y Beate Salz, entre otros.

Una mirada rápida a la bibliografía de la doctora Salz, disponible en Internet, nos muestra sus intereses en el “Indianismo”, y por los procesos de cambio en las sociedades indígenas, pero con especial atención al proceso de modernización, caracterizado por la industrialización y el uso de esa fuerza de trabajo en los “nuevos” esquemas industriales. Esos dos temas resumen su obra más extensa y sus trabajos más leídos y citados.

Su estudio sobre el Indianismo (1944) es, en mi opinión, un ensayo excepcional sobre el tema, en el que la autora se sumerge en las aguas turbulentas de los temas de clase y raza en América Latina. El problema de los indígenas es visto desde el problema político de los estados, y la incorporación parcial de estas sociedades y comunidades (los ayllus, por ejemplo) en el mundo industrial, nociones teóricas que serían tomadas por el marxismo y la antropología de los años setenta. El ensayo incluye un debate sobre la obra de importantes pensadores latinoamericanos como José Vasconcelos y José Carlos Mariátegui. Salz intuye un debate teórico posterior sobre el llamado modo de producción asiático, y mucho antes de los trabajos seminales de Murra la autora discutía con aplomo las características de las civilizaciones andinas como sistemas sociales y de producción. Su breve tratado termina con dos temas peliagudos: el mestizaje (en el contexto de un proyecto nacional) y los levantamientos y revueltas indígenas que tuvieron sus orígenes en procesos avasalladores como la rebelión de Tupac Amarú en Perú en 1780. 4

La búsqueda sobre su obra realizada en el Internet también nos revela que Salz era una colega distinguida y apreciada, quien proveyó generosamente su asistencia y comentarios en la preparación de obras importantes, como el clásico de Anthony Wallace Religion: An Anthropological View (1966).

En 1956 publicó un artículo en el primer número de la Revista de Ciencias Sociales: “Algunos aspectos psicológicos de la industrialización”, traducido del inglés por Milton Pabón uno de los miembros del Círculo. Sin citar a Max Weber, Salz hace un análisis sobre la importancia del tiempo (su uso y valoración), la disciplina y ética de trabajo, los peligros del derroche del tiempo en el Weltanschauung industrial y las diferencias entre los espacios de vida y trabajo y el control del tiempo y la producción. Hay un cruce de ideas entre este trabajo y el clásico de historia social “Time, work-discipline and Industrial Capitalism” de E. P. Thompson publicado en 1967. Ambos trabajos citan de entrada el libro Technics and Civilization (1934) de Lewis Mumford, y así hay otras tangencias. La experiencia de Salz con el proceso de industrialización de Ecuador le llevó a pensar sobre las dimensiones sociales de ese proceso y esa mentalidad de la modernización y el desarrollo.

La obra sociológica de Beate Salz fue reseñada en importantes revistas de antropología y ciencias sociales como Man (Smith 1957) y en The Journal of Economic History (Moore 1957). Raymond T. Smith, uno de los baluartes de la antropología de la Universidad de Chicago, especialista en el Caribe y en los sistemas de familia y parentesco fue muy crítico de su trabajo The Human Element in Industrialization (publicado en la Universidad de Chicago), sobre todo por la falta de etnografía. Según Smith su estudio (this “arm chair” study) pudo beneficiarse de una estadía más extensa en Ecuador, para tener una visión más precisa del proceso y alejada de los diversos estudios que se habían realizado y que citaba. Smith tenía la esperanza de que Beate Salz aprovechara su estadía en Puerto Rico para un estudio innovador sobre lo que le sucede a la cultura y la estructura social de un territorio bajo un programa vigoroso de industrialización (Smith 1957:60). Hasta donde sé, no hay un estudio de Beate Salz sobre Puerto Rico, como tampoco de los territorios y naciones caribeñas. Excepto que en 1958 anunciaba en una nota de investigación en la revista Social and Economic Studies, que iniciaba un estudio sociológico de Santa Lucía bajo el auspicio del Institute of Social and Economic Research, del University College of the West Indies. Desconozco si publicó algo sobre esa experiencia de campo. En la década de 1990 colaboré con el Caribbean Natural Resources Institute (CANARI) de Santa Lucía, e hice trabajos de antropología aplicada en esa isla para el Instituto. No me topé con trabajos realizados por Salz en la biblioteca de CANARI.5

Wilbert E. Moore, profesor de sociología en Princeton y especialista en estratificación social también reseñó The Human Element in Industrialization en 1957. Alabó el libro por ser una valiosa contribución a los estudios sobre los aspectos sicológicos y sociales del desarrollo económico, pero al igual que Smith señalaba que el estudio estaba basado en una visita “impresionista” a Ecuador, junto con una extensa revisión de literatura. Hay otros comentarios sobre la teoría y el análisis del proceso de industrialización, que van criticando el abordaje de esta profesora.

Beate Salz era una mujer—fuerte y productiva—en un mundo intelectual competitivo dominado por hombres estratégicamente ubicados en universidades prestigiosas. Escribía y reseñaba, y curiosamente había escrito un artículo (Salz 1947) cuando era estudiante graduada sobre el trabajo de Moore titulado Industrial Relations and the Social Order publicado en 1946. Su reseña es positiva y subrayaba la importancia del escrito en abordar la industrialización, desde un campo—que llamaba el autor del libro—“la sociología aplicada”, como un fenómeno cultural y social. En ese sentido, la autora consideraba que se convertiría en el estándar para estudios futuros sobre el tema. Al final hay un comentario crítico sobre la carencia de herramientas conceptuales y terminológicas en el trabajo de Moore, sobre todo en su tratamiento de las motivaciones de los participantes en el sistema y su relación con el contexto cultural.6 Probablemente la crítica de Moore al trabajo de Salz fue un tit for tat, o una represalia equivalente, de las muchas que hay en la academia.

En estos días en los que vislumbro un tanto cerca el final del camino antropológico, he procedido a realizar algunas reflexiones sobre nuestra disciplina y sobre lo aprendido en la marcha. Sobre todo, reflexiones en torno a los maestros y mentores que forjaron en uno la capacidad para transitar (de diversas manera, unas con aplomo, otras atropelladamente) por este camino. Cada vez que me enfrento al curso de Cambio Social y Cultural me acuerdo de mi profesora, de lo que me hizo sufrir en ese salón, pero de lo mucho que aprendí con ella, esas calurosas tardes en Río Piedras, en las que atravesé virtualmente por los procesos de transformación social y cultural en una escala global. Es justo en estos días, cuando el curso cesa como requisito para nuestros estudiantes de sociología del Recinto Universitario de Mayagüez, que escribo estas líneas, en las que justiprecio lo aprendido.

Notas
  1. Según relata, el decanato les proveía a este grupo de intelectuales con un equipo clerical que les asistían en la mecanografía de sus manuscritos, un tipo de asistencia que Vidich no recuerda haber visto en otras universidades.
  2. Llegué a la lectura y el análisis intenso de la obra de John V. Murra por medio de Pedro Carrasco, uno de mis dos mentores en Stony Brook, en su curso sobre Imperios y Civilizaciones e incluí esa referencia en mi ensayo sobre el concepto modo de producción y su aplicación en la antropología. Sobre la Universidad de Chicago, hace falta un análisis profundo sobre la relación entre esa institución y la UPR, una que tuvo que ver con la presencia de Jaime Benítez, quien se graduó de allí, al igual que Ángel Quintero Alfaro. Un buen número de estudiantes y profesores de la UPR fueron a proseguir estudios en la Universidad de Chicago, por mediación de Benítez: Manuel Maldonado Denis, Milton Pabón, Delia Ortega, José Arsenio Torres y Norman Maldonado (en el campo de la medicina), entre otros. Para una mirada profunda al proceso universitario de las ciencias sociales, véase el artículo de Jorge Duany (2005a) ¿Modernizar la nación o nacionalizar la modernidad? Las ciencias sociales en la Universidad de Puerto Rico durante la década de 1950. Duany no hace mención de Beate Salz en su análisis ni de los otros antropólogos mencionados aquí, excepto por Morris Siegel.
  3. Una anécdota curiosa y tal vez apócrifa narra como Murra corría por el pasillo donde A.R. Radcliffe-Brown dictaba su curso gritando “¡las clases sociales, dónde están las clases sociales!”. Véase: https://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2012/08/09/␥-john-v-murra-1916-2006/
  4. Su interés por el problema de los indígenas y las sociedades latinoamericanas se forjó temprano durante sus estudios de bachillerato (licenciatura) en la Universidad de Ohio, bajo la tutela de John Phillip Gillin un importante especialista de ese campo, quien fuera su mentor. El extenso obituario de Gillin, escrito por por Ruben E. Reina cita el fragmento de una carta escrita por Salz y publicada en un volumen dedicado a Gillin donde resalta sus cualidades como profesor y mentor (Reina 1976: 86).
  5. Me da la impresión que Salz, en su entrenamiento como socióloga, no le prestó mucha atención a la etnografía ni a los estudios de campo. No obstante, ese era un debate que estoy seguro se daba en Río Piedras, pues era un entorno donde esa práctica era vital. Salz publica en 1961 una reseña en la revista Man sobre el libro Worker in the Cane de Sidney Mintz y publicado en 1960. En la reseña enfatiza la importancia del libro en el estudio del cambio, pero sobre todo por los conmovedores testimonios de Don Taso y su esposa sobre las transformaciones sociales y la conversión al pentecostalismo. Nuestra profesora quedó también impactada por el método usado por Mintz que incluyó la etnografía, el trasfondo sociológico, la historia y los comentarios y las fotos.
  6. El comentario de Salz es breve y muy somero, por lo que es difícil precisar sobre qué cosas del texto son las que tienen esa carencia y qué conceptos propone.

Referencias

Duany, Jorge. 2005a. “¿Modernizar la nación o nacionalizar la modernidad? Las ciencias sociales en la Universidad de Puerto Rico durante la década de 1950.” pp. 176-207, En Frente a la torre: Ensayos del Centenario de la Universidad de Puerto Rico, 1903-2003, editado por Silvia Álvarez Curbelo y Carmen I. Raffucci. San Juan: La Editorial, Universidad de Puerto Rico.

Duany, Jorge (Introducción y revisión). 2005a. Un pueblo puertorriqueño / Morris Siegel. de Jorge Duany. Traducción: Jorge Duany, María de Jesús García Moreno y Noelia Sánchez Walker. Hato Rey: Publicaciones Puertorriqueñas.

Kearney, Michael. 1996. Reconceptualizing Peasantry: Anthropology in Global Perspective. Boulder: Westview Press.

Moore, Wilbert E. 1957. Review: The Human Element in Industrialization: A Hypothetical Case Study of Ecuadorean Indians by Beate R. Salz. The Journal of Economic History. Vol. 17, No. 1 (March 1957), pp. 123-125.

Reina, Ruben E. 1976. Obituary: John Phillip Gillin. American Anthropologist. Vol. 78, No. #, pp. 79-86.

Reina, Ruben E. 1957. Reseña: Peasant Society and Culture: An Anthropological Approach to Civilization por Robert Redfield. Revista de Ciencias Sociales. Vol. 1, No. 1, (marzo 1957), pp. 194-197.

Smith, Raymond T. 1957. Review: The Human Element in Industrialization: A Hypothetical Case Study of Ecuadorean Indians by Beate R. Salz. Man. Vol. 57 (April 1957), p.60.

Salz, Beate R. 1961. Review: Worker in the Cane: A Puerto Rican Life History by Sidney W. Mintz. Man. Vol. 61 (May, 1961), pp. 93-94.

Salz, Beate R. 1959. Review: Machine Age Maya: The Industrialization of a Guatemalan Community by Manning Nash. Man. Vol. 59 (May, 1959), p. 91.

Salz, Beate R. 1958. Research Note: Field Study of St. Lucia. Social and Economic Studies. Vol. 7, No. 4 (December, 1958), pp. 238-239.

Salz, Beate R. 1957. Algunos aspectos psicológicos de la Industrialización. Revista de Ciencias Sociales (UPR). Vol 1. No. 1, (marzo 1957), pp. 79-91.

Salz, Beate R. 1955. “The Human Element in Industrialization: A Hypothetical Case Study of Ecuadorean Indians,” Economic Development and Cultural Change. Vol. 4, No. 1, Part 2 (October, 1955), pp. i-ix+1-265.

Salz, Beate R. 1947. Review: Industrial Relations and the Social Order by Wilbert E. Moore. Social Research. Vol. 14, No. 1 (March, 1947), pp. 115-118.

Salz, Beate R. 1944. Indianismo. Social Research. Vol. 11, No. 4 (November 1944), pp. 441-169.

Vidich, Arthur J. 2009. With a Critical Eye: An Intellectual and His Times. Edited and Introduced by Robert Jackall. Knoxville: Newfound Press, University of Tennessee Libraries

Vidich, Arthur J. 1955. Participant Observation and the Collection and Interpretation of Data. American Journal of Sociology, Vol. 60, No. 4 (Jan 1955), pp. 354-360.

Vidich, Arthur J & J. Bensman. 1957. La validez de los datos de campo. Revista de Ciencias Sociales (UPR). Vol. 1. No. 1, (Marzo 1957), pp. 117-137. (Publicado original mente en Human Organization, 1954, y traducido por Silvia Herrera de Witt).


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